CARTAS PASTORALES

SER JOSÉ ISRAEL DE LA TRINIDAD, DD

ARZOBISPO

NUNCIO APOSTÓLICO PARA LAS AMÉRICAS


CARTA PASTORAL NAVIDAD 2020

Sus Excelencias Reverendísimas Arzobispos y Obispos, Reverendos Presbíteros,  Venerables Hermanos de la Vida Religiosa y Monástica,  Amados miembros del Laicado en la Comunión Corpus Christi:

Estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús al interesarnos por los pobres

 

La fiesta de la Navidad está a la puerta. El viernes de esta próxima semana es el día 25 de diciembre, fiesta de la Nati­vidad del Señor.

Cada año celebramos las fiestas de Navidad. Este año, la pandemia de la COVID-19 va a hacernos vivir la Na­vidad de una forma muy distinta a como la celebraban las familias otros años, porque ni siquiera tal vez po­damos reunirnos toda la familia por cuestión de salubridad y por los peligros que hay en esas reuniones familiares amplias de contagio del virus.

Las fiestas de Navidad son unas fiestas que se pueden vivir en el co­razón del ser humano:

Para muchos, esta Navidad va a ser un tiempo de nostalgia, de recuerdos y de tristeza, porque rememora aque­llos días de su Navidad de niños en los que toda la familia se reunía en el hogar para celebrar juntos estas fies­tas. Eran días de alegría, de amor sen­tido y expresado, de diálogos alegres y de verdadera felicidad de todos los que componían cada familia.

Todo son recuerdos, momentos y tiempos pasados, de los que solo que­da eso, el recuerdo nostálgico de la vida, y que han quedado ensombre­cidos por la muerte de algunos seres queridos, las enfermedades de otros, la separación de las personas más queridas, los problemas de la vida, los odios o los rencores hacia miembros de la misma familia, porque no se en­tendieron en la herencia y que han he­cho que cada cual se sienta separado de los que más quería y se encuentre hundido en la más triste de las soleda­des, desde donde solo podrá ya recor­dar aquellos tiempos de armonía, paz y felicidad familiar, como un recuer­do que nunca volverá.

Esta es una forma de sentirse frente a la Navidad. Es la forma de situarse de tantas personas a las que su fe no ilu­mina las distintas situaciones de la vida y, por lo mismo, tampoco la Navidad. Para ellos la Navidad no es más que eso: un recuerdo tierno y sentimental de lo que fue en otro tiempo y que nun­ca más volverá, convirtiéndose así en algo que quieren que pase cuanto antes porque les hacen sentir mal.

Otra forma de sentirse y de situar­se frente a la Navidad es la de todos aquellos que recuerdan con gran ca­riño los días y el ambiente navideño que vivieron en sus propias familias cuando eran pequeños, y que han tratado de seguirlo viviendo año tras año después, de mayores. Días inol­vidables, ambiente entrañable en el que se han sentido realmente felices; recuerdos que hoy viven con ese mis­mo gozo y que les impulsa a seguir viviendo estos días con la misma feli­cidad y alegría, a la vez que tratan de encontrar y vivir el verdadero senti­do cristiano de la misma.

Este sentido profundo cristiano puede ser lo que echemos de menos en nuestra vida y que sea algo que necesi­tamos renovar en nuestros corazones.

Tal vez estemos necesitados de renovar en nosotros el profundo sig­nificado y el sentimiento cristiano de alegría que produce en el alma lo que en la Navidad celebramos: el nacimiento del Hijo de Dios, que por amor a todos y cada uno de nosotros, siendo Dios, se ha hecho hombre, para que nosotros, los seres huma­nos, lleguemos a ser hijos de Dios.

Seguro que necesitamos actualizar nuestra fe y abrir nuestra vida y nues­tro corazón para dejar que Cristo, que nació hace 2020 años en aquel pesebre, entre y nazca en el corazón de cada uno de nosotros, y transforme nuestras dudas en fe, nuestros materialismos en valoración de su gracia, nuestra lejanía de Él en cercanía de amor, en mano amiga que se acerca a nosotros para decirnos lo mucho que nos quiere.

Tal vez echamos de menos y nece­sitamos vivir una Navidad más soli­daria, en la que todos podemos hacer algo por to­dos, porque nos necesi­tamos unos a otros; una Navidad en la que abramos nuestro corazón para descubrir que, junto a nosotros, hay personas, familias, niños, ancianos que están con las manos extendidas, porque les asfixian las necesidades, la enfermedad y la soledad.

Seguro que necesitamos contem­plar mucho más de cerca al Dios niño, el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, para entender el amor tan grande que nos tiene.

Necesitamos sentir muy dentro de nosotros un profundo sentimien­to de gratitud y expresárselo en estos días así al Señor, por tanta generosi­dad y por tanto amor por su parte.

Agradezcámoselo, dejándole que Él nazca en nosotros como un día na­ció en aquel pobre y humilde establo y que nos transforme en auténticos hijos de Dios, que quieren recuperar la identidad de hijos.

Vivamos esta Navidad con estas actitudes y, a pesar de las amenazas y el miedo que puede producirnos esta pandemia de la COVID-19 que estamos viviendo, esta Navidad será una navidad alegre, llena de paz y de sentido, porque el Hijo de Dios, el Salvador, ha querido acam­par entre nosotros y quiere hospe­darse en cada corazón humano que se lo permita.

¡Una Feliz Navidad para todos!

SER José Israel de la Trinidad, DD

Arzobispo

Dada hoy, 17 de diciembre de 2020

Toledo, Ohio  USA



OREMOS POR LAS AMÉRICAS

 

Durante esta Navidad, enviamos un mensaje de solidaridad, al tiempo que denunciamos y lamentamos el deterioro de la vida democrática en países como Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Chile, Nicaragua, Colombia, entre otros.

Estamos conscientes de la situación dramática y de extrema gravedad, que n nuestros pueblos, por el deterioro del respeto a sus derechos y de su calidad de vida, sumido en una creciente pobreza, sintiendo no tener a quien acudir.

Mucha sangre se ha derramado ya por la defensa de sus libertades. Alabamos su esmerado servicio a la reconciliación de su sociedad, y su voz clamando por el justo bienestar para su pueblo, y urgiendo asumir el clamor popular de un cambio, de una concertación para una transición esperada y buscada por la inmensa mayoría.

 

Finalmente, por este medio manifestamos nuestra cercanía en la oración y, de igual forma, en la caridad ofreciendo, oportunamente, de parte de nuestras comunidades católicas el apoyo para sus necesidades y por la pronta erradicación de la pandemia global causada por el COVID-19. Oramos de modo muy especial por los héroes anónimos que han entregado sus vidas por sus hermanos en beneficio de la salud de todos los que han sufrido de esta terrible pandemia.  De igual modo, oramos por todas las almas que han pasado a morar con Nuestro Señor como producto de esta enfermedad.

 

Dado hoy, 18 de diciembre de 2020 en la ciudad de Toledo, Ohio, USA

Sede Apostólica de

 

+SER Arzobispo José Israel de la Trinidad, DD

Nuncio Apostólico para las Américas

 

SEÑOR: DÁNOS LA PAZ QUE PROMETE TU EVANGELIO Y QUE EL MUNDO NO NOS PUEDE DAR