SANTA TERESA DE JESÚS (ÁVILA)

15 DE OCTUBRE


 

BIOGRAFÍA

 

Teresa de Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. Su padre, Alonso de Cepeda, tras quedar viudo y con dos hijos, contrajo matrimonio con Beatriz de Ahumada. Teresa fue la tercera de los diez hijos que tuvo la pareja. Creció en un ambiente muy religioso, en el que desarrolló una llamativa sensibilidad por lo trascendente desde muy temprana edad. En una sociedad analfabeta, sus padres la aficionaron precozmente a la lectura.

A los trece años perdió a su madre. Este golpe y las crisis propias de la adolescencia agravaron un problema afectivo que arrastraría dolorosamente hasta su conversión definitiva. Físicamente agraciada y con grandes habilidades sociales, pronto triunfó en “la vanidad del mundo”. Ya en el internado de Santa María de Gracia, tomó la determinación de ser religiosa, tras un fuerte combate interior. Le pareció que era un estado mejor y más seguro para salvarse. Además, le desagradaban las condiciones en que vivían las mujeres casadas de su entorno. Le movía más el temor que el amor.

Cuando su padre quiso impedir su entrada en el Carmelo de La Encarnación, Teresa se fugó, no sin mucho pesar. Sus hermanos también dejaban el hogar rumbo a las Américas en busca de fortuna. Tenía 20 años y quería ser libre para conquistar su propio destino.

En La Encarnación vivió 27 años. En 1537 profesó y, transcurrido apenas un año, le sobreviene una extraña enfermedad. La gravedad alarma a la familia, que la pone en manos de una famosa curandera. El tratamiento empeoró su estado hasta llegar a darla por muerta. Cuenta ella que se curó gracias a la intercesión de san José, aunque con secuelas que padecería toda su vida. Tenía 27 años y, en adelante, la enfermedad se convirtió en su fiel compañera.

Durante el periplo de su enfermedad, tomó contacto con el misticismo franciscano a través de la lectura del Tercer Abecedario de Osuna, muy importante en su evolución espiritual, pues la introdujo en la oración de recogimiento. De nuevo en el monasterio, el reclamo interior a la soledad y la oración se vio obstaculizado durante años. Por una parte, el ambiente no era propicio. Casi 200 mujeres convivían dentro del monasterio, en el que destacaba la extraordinaria personalidad de Teresa. Su constante presencia en el locutorio era obligatoria, pues atraía las visitas de quienes dejaban buenas limosnas. Pero además, esta intensa vida social que la apartaba de la oración no le disgustaba, compensaba su desbordante afectividad.

Cada vez más insatisfecha, urgida por las llamadas del Amigo que la reclamaba toda para Sí, empieza a confrontar sus experiencias interiores en busca de luz. Muchos fueron los confesores letrados a los que confió su alma a lo largo de su vida, peregrina siempre de la verdad. Mujer, de origen judeoconverso y mística, mal comienzo para obtener algún crédito. Por fin, la ciencia avalaría su experiencia.

En 1554, ante una imagen Cristo “muy llagado” comienza su transformación. En adelante, ya no será el temor lo que la mueva, sino un profundo amor a quien la ha amado primero. Dos años más tarde, se produce la conversión definitiva. El Espíritu Santo irrumpe en su alma y la sana, quedando libre de sus problemas afectivos. El fruto de su conversión fue una fecunda actividad como fundadora y escritora que se prolongó hasta su muerte.

Santa Teresa de Jesús murió el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes. Fue beatificada por Paulo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622 y proclamada doctora de la Iglesia por Pablo VI en 1970. Fue la primera mujer a la que se le concedió dicho título.

Opere

«Si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento». Así confiesa Teresa de Jesús su pasión por la lectura desde la niñez. No tenía estudios reconocidos, vetados entonces a las mujeres. De hecho, saber leer y escribir la convertía en mujer privilegiada y, a la vez, en sospechosa. De sus lecturas y conversaciones con los teólogos más célebres de su época adquirió una sólida cultura teológica y espiritual, que enriqueció con su propia experiencia.

El Índice de libros prohibidos que la Inquisición publicó en 1559 tuvo un gran impacto para Teresa. Privada de las lecturas que tanto la habían iluminado en su proceso espiritual, Dios salió a su encuentro: «No tengas pena, que Yo te daré libro vivo». Jesucristo se  convertiría en su maestro interior. Experiencia hecha sabiduría, a Teresa le urgía comunicarla, «engolosinar las almas de un bien tan alto». Y la empedernida lectora se transformó en apasionada escritora.

La futura doctora de la Iglesia escribía sabiendo que su obra la debía revisar y aprobar un censor eclesiástico. Era consciente de que una mujer escritora sería mal vista, más aún si pretendía enseñar. Y, por si fuera poco, al tratarse de unos escritos de contenido espiritual, la Inquisición podía condenarla por hereje. Eran «tiempos recios» que condicionarían su obra y la obligarían a agudizar su ingenio. Con el fin de ganarse la benevolencia del censor, no escatimó palabras para darle a entender que ella era la primera contrariada, que escribía por obediencia y que se reconocía inculta, pecadora e inepta.

A pesar de que escribió bastantes poesías, Teresa es hoy una figura eminente de la literatura principalmente por su prosa. Toda su obra tiene carácter autobiográfico, aunque es posible encontrar en ella otros géneros literarios, como el didáctico, el tratado espiritual o la crónica. Escribió la santa abulense desde su experiencia concreta, sin dogmatismos ni planteamientos abstractos. Este ejercicio de escritura le permitió revivir sus experiencias y reflexionarlas. En esa ardua lucha interna por expresarse, se esclarecía a sí misma. Las palabras sobre el papel confirmaban la realidad de lo vivido. Rica retroalimentación entre la escritora y su pluma.

La dificultad para expresar su mística con un lenguaje siempre limitado fue un auténtico quebradero de cabeza para Teresa. Su maestría y la novedad de las soluciones que aportó a la expresión escrita le valen el calificativo de “creadora” de la lengua. Tuvo la genialidad de concebir un sistema y presentarlo con un estilo encantadoramente sencillo. De hecho, sus páginas rezuman espontaneidad y frescura.

 

Mucho se ha escrito desde entonces sobre Teresa, lo mejor es siempre leerla a ella.

Obras:

Libro de la Vida

Camino de Perfección

Las Fundaciones

Las Moradas

Cuentas de conciencia

Meditaciones sobre los cantares

Cartas

Exclamaciones

Constituciones

Visita de descalzas

Desafío espiritual

Vejamen

Poesías

Escritos sueltos y memoriales

 

CONSTITUCIONES

Antes de 1565, Teresa de Jesús había redactado unos breves estatutos por los cuales se regían las descalzas de su primera fundación. Se trataba de un plan de vida comunitaria, experimentado ya por las hermanas, que fue aprobado por el obispo de Ávila. Lamentablemente, este autógrafo primitivo se perdió.

En 1567, el superior general de la orden dio el visto bueno a unas Constituciones más extensas, escritas por Teresa. Tampoco se conserva el autógrafo de ellas, pero sí copias. No hay certeza de que fueran las vigentes en San José o las elaboradas para las siguientes fundaciones, que sí estaban bajo la jurisdicción de la orden. Las rúbricas correspondientes a las culpas y penalizaciones no son de la mano de Teresa, sino traducción de un código penal latino anterior. Un año después, este texto se convertiría en la base de las Constituciones de los frailes.

Al primitivo texto de la fundadora, los visitadores y algunas prioras introdujeron modificaciones, no siempre de acuerdo con ella. Teresa otorgó más importancia a lo carismático que a lo jurídico. De hecho, Camino de Perfección sería el verdadero manual para el Carmelo descalzo. Pero, a medida que se retocaban y multiplicaban los textos, convenía redactar y fijar de nuevo las Constituciones. No lo hizo Teresa, sino los padres carmelitas descalzos reunidos en Alcalá (1581). El deseo de la madre fundadora fue que las hermanas participasen en el proceso de elaboración. Por ello, había apremiado a todas sus comunidades a que aportasen una palabra de experiencia, que ella se encargó de revisar y transmitir con insistencia al padre Gracián. No obstante, no todas las peticiones de la fundadora fueron escuchadas ni reflejadas en estas Constituciones. Por expreso deseo de Teresa, estas Constituciones fueron publicadas en Salamanca.

Espiritualidad

Teresa de Jesús reconoció en su vida una Presencia que la cercaba amorosamente en busca de su amistad. Tras muchos años sin éxito en la batalla por «concertar estos dos contrarios» -Dios y el mundo-, se abandonó confiadamente en los brazos de Cristo. Y, a partir de ese momento, Dios tomaría el timón de su vida y la embarcaría en una travesía fascinante rumbo a las «séptimas moradas». De esta experiencia brota la espiritualidad teresiana.

Con su vida y escritos, Teresa quiso transmitir cómo era el Dios que había salido a su  encuentro para regalársele sin medida. Había comprobado que no desea otra cosa que darse a quien le quiera recibir. Dios invita a la persona a que entre en su interior, donde Él habita. Así es «la gran hermosura y dignidad del ánima», creada a imagen y semejanza de  Dios y capaz de entablar amistad con Él. Dios se le entrega totalmente, no porque el ser humano haya acumulado méritos, sino porque Él se quiere revelar y suscitar una respuesta de donación. Dice Teresa que este Dios «dora las culpas» y saca el máximo partido a lo bueno que hay en cada uno.

Teresa experimentó que la persona puede vivir arrastrada por sus fuerzas instintivas e ignorante de su propia identidad y destino. Desde este punto de partida, el proceso espiritual es para ella una liberación de todo lo que disgrega a la persona interiormente y la separa de su meta: la unión transformante con Cristo, el matrimonio espiritual.

La oración es la puerta para entrar en esta dinámica, cuyo único requisito es una «determinada determinación». Fruto de este encuentro en amistad, crece la humildad por la iluminación de verdades en el alma: quién es Dios, quién es la persona, lo poco que esta puede hacer con su esfuerzo y lo mucho que recibe. La clave para avanzar por este camino es acoger como pobre lo que Dios ofrece y responder a su gracia con una generosa entrega de sí.

Cuando el amor divino acaricia un alma, ya no puede medir su vida según el cumplimiento de unos preceptos y ritos, sino según el amor con que responde a tanto don recibido. Por eso, esta experiencia pone en marcha una transformación del ser en su raíz, para acomodarlo a una amistad cada vez más profunda con Dios y con sus hermanos.

Teresa experimentó grandes ansias de plenitud y libertad. Advirtió que el ser humano posee en su interior un vacío que nada ni nadie puede colmar, solo Dios. Sin embargo, se empeña en llenarlo con lo que le deja más hambriento. No son las cosas ni las personas, sino la actitud tomada frente a ellas lo que atrapa la vida en una espiral de esclavitudes. La persona necesita desentrañar la mentira del mundo que lleva dentro, que «todo es nada» y que «solo Dios basta». Cuando el alma ha visto las grandezas de Dios, no le pesa ningún desprendimiento que le ayude a soltar peso para volar hacia Él. «Andar en verdad» y desnudez para poder al fin ser libre.

Cristo es el centro de la espiritualidad teresiana. Su Humanidad sanó afectivamente a Teresa y la introdujo en el misterio del Dios trinitario, comunión de amor. De la radical opción por Él brotará el deseo de querer contentarle en todo. Y, ya que el amor a Dios y al prójimo es el mismo, el servicio a los demás autentica el seguimiento a Aquel que «nunca tornó por sí». Teresa propone un camino de fe vivido en comunidad. Un grupo de amigos de Jesús donde cada uno sea para los demás otro Cristo, convirtiéndose en «esclavo de Dios y de todos» por amor. Esto es, olvidarse de sí y pensar en el bien del otro por encima de uno mismo. Amor que impregna las pequeñas cosas de cada día, pues Dios no mira la grandeza de las obras sino el amor con que se hacen.

LUGARES

Teresa de Jesús experimentó cómo la misericordia de Dios había transformado su vida. Sin embargo, no se refugió en un intimismo egocéntrico y estéril. Al contrario, su sensibilidad se agudizó ante los sufrimientos de un mundo que «estase ardiendo». Por eso, el deseo de compartir lo que había recibido de Dios le apremiaba. El fruto de su conversión fue una fecunda actividad como fundadora y escritora que se prolongó hasta su muerte.

Teresa soñaba una pequeña comunidad que viviera con autenticidad el Evangelio. Un signo en medio de una sociedad de valores trastocados y una Iglesia en crisis. Un lugar de oración y trabajo, silencio y fraternidad, donde «hacer eso poquito que era en mí» para mejorar la realidad. En 1562, entre numerosas dificultades, este sueño se hizo realidad con la primera fundación de descalzas: el convento de San José en Ávila.

Trascurrían gozosamente los días de Teresa, cuando el testimonio de un misionero venido de la recién descubierta América le sacudió el corazón. Ante el padecimiento de tantas criaturas, maltratadas por la ambición colonial y faltas de evangelizadores, sintió la urgencia de extender su obra. Tenía 52 años. A partir de entonces, su vida fue tan intensa en viajes y nuevos conventos, que la imagen que ha quedado de ella para la historia es la de “la santa andariega”.

Fundadora de monjas, y también de frailes, recorrió más de seis mil kilómetros por aquellos maltrechos caminos españoles del siglo XVI. Sus conventos fueron levantándose a un ritmo prodigioso: Medina del Campo (1567), Duruelo (1568), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575), Caravaca (1576), Villanueva de la Jara (1580), Soria (1581), Palencia (1581) y Burgos (1582).

Teresa desplegó sus extraordinarias cualidades personales para sortear obstáculos de toda índole. A los insuficientes recursos económicos se le unían los problemas para conseguir las licencias, la dureza de los viajes, la búsqueda y acondicionamiento de las casas, su mala salud… Sospechosa por ser de origen judeoconverso, mujer y mística, fue denunciada en varias ocasiones a la Inquisición que, en 1575, abrió un proceso contra ella y sus monjas en Sevilla, del que salieron absueltas. Encontró detractores en la nobleza y la burguesía, también en la Iglesia. Incluso en su propia orden la situación se hizo insostenible y, tras un doloroso proceso, las fundaciones teresianas se desgajaron de ella en 1580, naciendo así el Carmelo Descalzo. Y es que Teresa puso en jaque los valores por los que se regía aquella sociedad.

Mujer siempre envuelta en mil conflictos y necesidades, su astuta diplomacia y célebre pericia en el mundo de los negocios fueron decisivas para su éxito. Pero el auténtico motor de su hazaña fue su deseo de servir al Amigo, a quien permanecía íntimamente unida. De una inquebrantable fe y un apasionado amor brotaron el coraje y la fortaleza para vencer toda adversidad.

Para Teresa, cada fundación era una auténtica epifanía. Dios iba extendiendo su reino a medida que se inauguraban las nuevas comunidades. Y lo hacía valiéndose de la insignificancia social de una mujer. El espíritu del mal se oponía a ello, sembrando el camino con tantas y tantas contrariedades. Pero el poder de Dios es siempre más fuerte. Su luz y su bondad triunfaban cada vez que un nuevo Carmelo nacía.

A Teresa se le acabó la salud y la vida en el servicio de Dios y de la Iglesia. Estaba convencida de la importante misión eclesial que se llevaba a cabo en sus casas de oración. Entendía que la oración, desde la transformación de la propia persona, como onda expansiva alcanza a todos los rincones de la tierra.

 

 

 


NOVENA A SANTA TERESA DE JESÚS  (ÁVILA)

SANTA TERESA DE AVILA
(S. Teresa de Jesús)
1515-1582


ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh! dulcísimo, amantísimo y reverendísimo Jesucristo, padre de todas las misericordias: aquí me tenéis rendido a vuestros pies para manifestaros que os amo sobre todas las cosas y con el pesar de haberos ofendido, y os suplico de todo corazón me perdonéis mis culpas y pecados; os suplico también pidáis a vuestra queridísima Madre, María Santísima, me conceda la gracia para asistir a esta Novena en honra de vuestra seráfica y predilecta hija Santa Teresa.

Rezar a continuación la oración del día que corresponda

 

DÍA PRIMERO

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

 

ORACIÓN
¡Oh! Amada en Jesucristo y de su querida Madre. ¡Gloriosísima Santa Teresa de Jesús!, inspirada por Dios para reformar la Sagrada orden del Carmen, fuisteis espejo de castidad y pureza abrasada en el amor de Dios, ¿por qué no me habéis de conseguir la gracia de imitaros hasta la muerte?

Aquí me tenéis postrado a vuestras divinas plantas deseando obréis en mí esa celestial sabiduría que os hizo predilecta para Jesucristo y su divina Madre, María Santísima. Yo os dedico esta novena para honra y gloria vuestra y bien de mi alma.

Amén.

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 

DÍA SEGUNDO 

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN
Aquí me tenéis ¡oh Dios mío! a mí, vil gusanillo de la tierra, ciego por el camino de la perdición, que no teniendo en cuenta lo que padecisteis por toda las criaturas, sufriendo vuestra sacratísima pasión y muerte por todos los pecadores, dadme, Señor, esa luz divina que me inspire en vuestra bondad y misericordia infinita, para que sea digno de alcanzar la bienaventuranza, como la alcanzó la seráfica y gloriosa virgen Santa Teresa de Jesús.

Amén.

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 

 

DÍA TERCERO

 

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN
¡Oh! mi buen Jesús, Dios y Señor de todo lo criado; yo os adoro y os amo de todo corazón con arrepentimiento sincero de todas mis culpas y pecados. ¿Por qué mi Dios y Señor, no habéis de abrasar mi corazón como a vuestra amada esposa Santa Teresa de Jesús? Comunicadme, Señor, esa llama celestial que limpie mi alma de toda culpa, para que sea digno de alcanzar la gloria que tanto deseo.

Amén.

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 

DÍA CUARTO

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN


Te saludo resplandeciente lirio de la hermosura y sosegada primavera, Virgen Sagrada, divina esposa de Jesucristo que merecisteis los dones celestiales y la predilección de María Santísima dando al mundo ejemplos de virtud y de ternura, por lo que merecisteis ser colmada de los dones celestiales.

Te suplico ¡oh Santa Teresa de Jesús! me comuniquéis la gracia del Eterno que vos merecisteis para ser admitida en el seno de los cielos, para tener la dicha de acompañaros en la mansión de los justos.

Amén.

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 


 

DÍA QUINTO

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN


¡Oh! mi amada Santa Teresa de Jesús; yo os escojo como ayuda piadosa, Madre de mi flaqueza, de mis atenciones y necesidades; yo me entrego en vuestros brazos, lleno de arrepentimiento de todos mis pecados, para que me cubráis con vuestro hábito seráfico como a hijo vuestro, para que me consoléis con vuestra gracia pidiendo a vuestro Esposo, Jesucristo, y a su purísima Madre por este mortal que desea de todo corazón participar de la gloria reservada a las almas justas.

Amén.

 

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 


 

DÍA SEXTO 

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN


Divina Santa Teresa de Jesús; aquí me tenéis sumisa y arrepentida de todos mis pecados, pidiéndoos la protección de Jesús y de su divina Madre, María Santísima, para que por su intercesión me concedáis tres cosas: la primera, que tengáis misericordia de mí por mis muchos pecados cometidos; segunda, gracia para serviros cumpliendo los Mandamientos de Dios y no caer en pecado mortal, y la tercera, que me socorráis en el trance crítico de la muerte para morir en vuestra santa gracia, que rogaréis por mí os pido a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María.

Amén.

 

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.


 

DÍA SÉPTIMO

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN


¡Oh Dios misericordioso y clemente! cuyo espíritu de bondad manifestáis a los mortales cuanto más pecadores se os manifiestan. Sois, pues, pastor de las ovejas descarriadas que con vuestra infinita bondad y misericordia las dirigís al redil de la bienaventuranza.

Os pido, mi buen Jesús, infiltréis en mi ese espíritu divino para que yo me arrepienta de todos los pecados cometidos durante mi vida; sea yo tan feliz mereciendo la gracia que prodigasteis a Santa Teresa de Jesús, haciéndola esposa vuestra y que merezca los dones que recibió de vuestra querida Madre para alabaros, bendeciros y gozaros en la gloria por siempre jamás.

Amén.

 

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 


 

DÍA OCTAVO 

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN


Señor mío Jesucristo: yo os adoro y os amo de todo corazón y quisiera participar de los dolores de vuestra Pasión y muerte que sufristeis por nosotros los pecadores: pase por mí también el amargo cáliz de tantos padecimientos, ya que marchasteis al sacrificio de vuestra pasión y muerte, lleve yo esa cruz al calvario de mis culpas como os dignasteis favorecer a Santa Teresa de Jesús, para que mi alma quede purificada y pueda alcanzar la gloria que tenéis reservada a los que os sirven.

Amen.

 

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.

 


 

DÍA NOVENO 

Comenzar con la oración preparatoria para todos los días.

ORACIÓN


Dios y Señor de todo lo criado: ¡cuán grata es a vuestra divinísima misericordia la muerte de los que abandonan en gracia esta miserable vida y van a ser partícipes de la eterna bienaventuranza! concededme, Señor, a mí esa virtud con que favorecisteis a Santa Teresa de Jesús por sus muchas virtudes dándola una muerte feliz, cuya alma voló al cielo en forma de blanca paloma donde la esperaban gozosos para celebrar su triunfo millares de coros de vírgenes, ángeles, arcángeles y serafines.

Te suplico, oh Santa Teresa de Jesús, que pidáis por mi a vuestro esposo, Nuestro Señor Jesucristo y a su bendita Madre, María Santísima, me conceda una buena muerte y que vaya después a gozar la eterna gloria.

Amén.

 

Terminar con tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad y hacer la petición que se desea obtener por medio de esta novena.