¿SIENTES EL LLAMADO PARA EL CARMELO CONTEMPLATIVO?

HAZTE FRAILE CARMELITA CONTEMPLATIVO DE LA DIVINA MISERICORDIA

--AMIGOS FUERTES DE DIOS--

COMUNIÓN CORPUS CHRISTI --Iglesia Católica Reformada


 

Los Frailes Carmelitas Contemplativos de la Divina Misericordia como personas de oración, queremos vivir las actitudes más bellas del orante: descalzarnos de todo poder, privilegio, autosuficiencia, dominio; desnudarnos de toda insensibilidad e impermeabilización. Sabiendo que el que se descalza se hace sensible al lenguaje de la tierra, siente el palpitar de la tierra, se hace próximo al barro del cual procede y comprende su limitación y su verdadera grandeza. Esta es la humildad en sentido etimológico y como lo entendían Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz:

 

"Ya, hijas, habéis visto la gran empresa que pretendemos ganar.  ¿Qué tales habremos de ser para que en los ojos de Dios y del mundo no nos tengan por muy atrevidas?  Está claro que hemos menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos pensamientos para que nos esforcemos a que lo sean las obras. Pues con que procuremos guardar cumplidamente nuestra Regla y Constituciones con gran cuidado, espero en el Señor admitirá nuestros ruegos; que no os pido cosa nueva, hijas mías, sino que guardemos nuestra profesión, pues es nuestro llamamiento y a lo que estamos obligadas, aunque de guardar a guardar va mucho."  Sta. Teresa

Desde nuestra forma de vida comunitaria y fraterna, siguiendo a Jesús con los votos de la castidad, pobreza y obediencia, queremos responder a la soledad y al individualismo tan presente en nuestra sociedad actual.  En este sentido, el voto de obediencia presenta otra forma de vida en común donde la escucha y el diálogo tienen un papel importante: el yo se transforma en tú, lo que te mueve a buscar siempre el bien del que está a tu lado, aunque no siempre coincida con tus gustos o pensamientos pero que, sin duda, se convierte en un camino por el que se logra alcanzar la felicidad. La castidad, por su parte, muestra un modo de relacionarse y de amar que no se identifica ni siquiera por la exigencia, legítima, de reciprocidad. Es amar a todos por igual como fruto de la entrega del todo a Dios, por ser Dios quien es, porque Él lo merece y porque Dios así lo hace con la humanidad. Por su parte, la pobreza común y la comunidad de bienes son expresión de fraternidad; mediante ellas, las personas no se valoran por lo que producen o ganan, sino por lo que son. Una comunidad en la que no se tiene nada propio, sino que se comparte y reparte según las necesidades de cada uno.

 

Si crees que has sido llamado a vivir así o tienes interés en conocer más de nosotros, te invitamos a discernir si el Señor te llama a compartir nuestra vida en el Carmelo. Busca silencio, busca soledad y allí en lo escondido, ora al Señor. El te descubrirá que te quiere, que está en tu vida y te irá comunicando qué es lo quiere de ti para que seas feliz y hagas felices a otros.

 


CARTA DEL PRIOR

Fray José Israel de la Trinidad, DD., CCDM

 

Saludos en Cristo Jesús y María Santísima:

     Soy el Hno. José Israel de la Trinidad, Prior Fundador del Monasterio Nuestra Señora de los

Ángeles, incardinados en la Comunión Corpus Christi, bajo la Iglesia Católica Reformada.  Me dirijo a ti para ayudarte en tu discernimiento vocacional.  Estoy aquí para ayudarte a conocer más el proyecto de vida carmelitano  contemplativo que hemos desarroollado ya por una década en la CCC.

     Toque a las puertas del Carmelo hace varias décadas. El Señor ha sido inmensamente paciente y caritativo con este su servidor.   Hoy, es un privilegio y un honor poder servirle desde aquí,  un proyecto religioso novel dentro de nuestra Iglesia, el cual busca promover la espiritualidad y la vida religiosa carmelita entre los cristianos.

     Los Carmelitas Descalzos trazan sus raíces hasta el Monte Carmelo en Tierra Santa, al escenario de las profecías de San Elías y un símbolo de belleza en la Santa Biblia.  En el siglo 12 un número de hombres ermitaños combinaron una vida de comunidad y soledad reunidos alrededor de una capilla dedicada a la Virgen María.  Pronto se extendieron hasta Europa, particularmente a Inglaterra y España,  y desde ahí estuvieron más activos en sus ministerios.

    La propia Orden Carmelita es llamada Descalzos porque tuvo un nuevo ímpetu en el siglo 16, tiempo en que andar sin zapatos (descalzos) era un signo de renovación.  Hoy utilizamos zapatos pero miramos a Santa Teresa de Jesús de Ávila y a San Juan de la Cruz, quienes promovieron esta reforma, como inspiración para nuestras vidas y como guías en este proceso de transformación que promovemos dentro de la Iglesia Católica Reformada de los Estados Unidos al promover un proyecto de vida religiosa contemplativa carmelita para varones.

     Lo que ellos nos regalaron y lo que nosotros hoy tratamos de ofrecer es un compromiso personal de oración como muestra de amistad con Jesucristo, el que sabemos nos ama a todos.  Esto implica dedicar tiempo, bien sea en comunidad en la capilla o solos en oración silente.  Este es el fundamento de nuestras vidas, la cual consideramos ser nuestra  contribución a la Iglesia peregrina de Cristo: ser comunidades de hombres orantes.{

     Fundamental a nuestra vocación está el llamado de Santa Teresa de Jesús de Ávila para que seamos amor en el corazón de la Iglesia.  La oración, como compañero de un Dios viviente, ayuda a levantar y mover la Iglesia,  y es una fuente de sanación para la sociedad.  Eso es lo que hace la dimensión de la oración un culmen vital de nuestra vocación.  Tenemos una estructura comunitaria que promueve y reconoce que nuestras vidas, cuando están fundamentadas en la oración, se enraízan mejor en nuestro ritmo de vida diario.

     Los Frailes Carmelitas Contemplativos de la Divina Misericordia están comprometidos con varios ministerios de justicia social, dirigidos especialmente a los marginados de nuestra sociedad.  Tratamos de servir a la Iglesia de forma inclusiva, esto es, apoyando a todos los hijos de Dios sin importar su género, raza u origen étnico.

    La mayoría de nosotros seremos hermanos –frailes-   y algunos, conforme la necesidad comunitaria y de la Iglesia, podrán ejercer el diaconado y el  sacerdocio. 

     Hoy, nuestra Iglesia necesita de hombres  que quieran dedicar sus vidas a este ministerio en una sociedad que ve la espiritualidad en el ser humano como algo decadente.  Lograremos esto con el contacto con las personas, viviendo y modelando una vida santa,  escribiendo, acompañando, dirigiendo retiros de oración, entre otras cosas.  Pero, todo a través de una vida y un proyecto comunitario.

     Aunque nuestro monasterio está dirigido a hombres solteros o divorciados de veinte y un años de edad o más,  recibiremos como miembros asociados u Oblatos Carmelitas  a hombres casados  y mujeres que deseen asumir el proyecto de vida carmelita desde su estado civil, aunque no vivan en la comunidad, aunque sí a su amparo.

     Personalmente he estado involucrado en  trabajo misionero en países tales como:  México, Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala y República Dominicana.  En estos lugares tuve la oportunidad de promover el laicado carmelita y atraer a nuestra espiritualidad hombres y mujeres que quisieran crecer en el carisma de la oración y el servicio comunitario.  Actualmente la Iglesia Católica Reformada nos está apoyando en lograr establecer en Puerto Rico esta misión de nuestra iglesia.

     Normalmente el proceso de formación para el proyecto de vida Carmelita toma varios años.  Inicialmente, el período de Pre-Noviciado tiene dos etapas:  el Aspirantado (6 meses) y el Postulantado (6 meses); un intenso período de Noviciado de dos años,  tres a cinco años intensos de estudios, al final de los cuales se hacen los votos públicos de sencillez de vida (pobreza),  pureza de corazón (castidad) y obediencia.

     Te invito a compartir conmigo un momento de tu vida e intercambiar impresiones de lo necesario que es hoy en nuestra Iglesia un proyecto de vida religiosa para varones.  Lo necesario que es para nosotros los hombres ponernos al servicio de Jesucristo  y anteponer la presencia de Dios en nuestras vidas mediante nuestra apertura a la realidad y a los signos de los tiempos que la manifiestan. 

    Al integrarte a nuestro proyecto de vida te familiarizarás con la Palabra de Dios, especialmente a través de la ¨Lectio Divina¨,  palabra acogida y escuchada en la soledad y el silencio del corazón y en el diálogo comunitario de nuestra fraternidad.  La oración litúrgica nos servirá como fundamento importante de la contemplación; la maduración y crecimiento como personas, que exige la integración de la afectividad y de la sexualidad.

     En coherencia con el camino histórico de la Orden Carmelita hoy, en nuestro tiempo y nuestra cultura, debemos valorizar estos elementos fundamentales de nuestro Carisma Carmelita y de nuestra Vida Contemplativa. Nuestra comunidad religiosa se abre a los hermanos que deseen vivir activamente la experiencia de Dios a través de nuestra Regla, fundamentada en la Regla Primitiva de San Alberto,  que nos invita a ¨meditar día y noche en la Ley del Señor¨.

     Si sientes un llamado a la vida religiosa…piensa en todo lo que aquí he compartido contigo.  El Señor te llama por tu nombre.  El Señor nos llama para vivir en amor con Él. Ese amor se puede vivir en una vida matrimonial o como solteros, sacerdotes o la vida religiosa.

    ¿Cómo puedes saber si el Señor te está llamando?  Un llamado a la vida religiosa comienza experimentando un vacío en nuestras vidas, una necesidad por hacer algo más en nuestras vidas…una atracción a una vida de oración y vida comunitaria. 

     Puede ser que estés sintiendo el llamado a dedicar tu vida a la vida religiosa.  Quizás no es lo que planificaste para tu vida porque no te sientes ser merecedor de este llamado.

ORA.  ORA. ORA incesantemente.  El primer paso es orar para que Jesús te guíe y dirija tus pasos al lugar que te tiene destinado.  Dios quiere tu felicidad y te habrá de dirigir a un modo de vida que te hará feliz.

     Finalizo diciendo que aunque nuestra vida es una humilde, no espectacular,  viene a llenar un espacio en la espiritualidad de nuestra Iglesia y, sobre todo, de nuestra sociedad.  En mi caminar he logrado constatar que si eres generoso contigo y con otros, este caminar puede dirigirte a la santidad.  Su centro es la Misericordia de nuestro Señor… un centro realmente valido para la vida de un hombre.  Somos peregrinos del silencio al servicio de Jesús.

 

Fraternalmente en Jesús y María,


Fray José Israel de la Trinidad, ROCD

Prior 

 

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Somos hombres  que buscamos ,,,

 vivir en obsequio de Jesucristo ,

siendo peregrinos del silencio

 

     Te queremos presentar en este espacio vocacional “…amigos fuertes de Dios”, nuestro carisma y estilo de vida en el Carmelo de los Frailes Carmelitas de la Divina Misericordia: vivir en obsequio de Jesucristo. Este es el elemento esencial de nuestra vida. Como Frailes Carmelitas de la Divina Misericordia, seguimos a Jesús. Él es el centro de nuestra vida. Teresa de Jesús centra su historia en la viada de Jesús, en el evangelio.

     Este valor absoluto nos orienta nuestro camino en seguir los pasos que Él vivió. Le contemplamos hombre, así como andaba en el mundo.

    Queremos vivir en obsequio a Él. El carmelita vive en obediencia a Dios, según las enseñanzas del Maestro, con una dependencia vital a su Palabra: en el continuo meditar la ley del Señor.

      El Carmelo descalzo descubre la riqueza de la regla de vida que marca con profundidad el itinerario de relación con la persona de Jesús y donde ofrece un camino evangélico:

 

* la Regla define el objetivo de vida en el Carmelo: “vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y conciencia serena”.

*  El camino para llegar a ese objetivo es el de “meditar día y noche la ley del Señor”. El Señor es Jesús. Su ley es el evangelio que se medita en vigilias de oración.

* La fuente para mantenerse en el camino es la Eucaristía diaria en el oratorio donde se vive el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús.

* Se da un aviso a los que quieren seguir a Jesús: padecerán mucha persecución; tendrán la cruz como parte de su vida.

*   tener en nosotros los mismos sentimientos de Jesús.

* A los que no llevan en serio la vida en el Carmelo ordena y suplica la Regla en el nombre del Señor Jesucristo, que trabajen en silencio y se ganen su pan.

* La Regla recomienda la práctica del silencio ya que, conforme a la palabra del Señor en el Evangelio, de toda palabra inútil tendremos que dar cuenta a Dios.

* Pide al prior que procure imitar el ejemplo de servicio que Jesús nos da en el Evangelio: “El que quiera ser el primero tiene que ser servidor de todos”

Aconseja a los súbditos que vean a Jesús en la persona del superior: “El que oye a ustedes a mí me oye”

* Suscita en todos la esperanza del regreso de Jesús cuando, evocando la parábola del Samaritano, dice que el Señor a su regreso nos pagará.

 

A lo largo de las páginas de la Regla, de principio a fin, Jesús aparece como aquél que llama, anima, avisa, orienta, critica, suplica, ordena, recomienda, propone, sugiere e aconseja.

 

     Este ideal del Carmelo, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz lo vivieron con intensidad y en su experiencia profunda con la persona de Jesús descubren la importancia de vivir el dinamismo de la vida espiritual en centrar nuestra mirada en Él.

   Teresa de Jesús presenta como ideal de vida al carmelita tener la vida de Cristo como el centro de su vocación, descubriendo la humanidad de Cristo como el camino seguro para los contemplativos. Teresa descubre la necesidad de ver a Jesús como hombre porque mirándole a Él, se nos hará nada lo que pueda surgir el camino de los sufrimientos y de la cruz mirándoos a vos cuál estuvisteis delante de los jueces, no se me haga bueno de sufrir. Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán, que se puso en el padecer, todo se puede sufrir; es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero.

     Ejercicio constante para el camino de la contemplación por medio de la oración es procurar con todas nuestras fuerzas traer delante siempre porque es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle humano. La conciencia de que Jesús está dentro de nosotros o fuera, pues es compañía, nos lanza a servirle en todo lo que hacemos y vivimos.

    Mirar a Jesús en su humanidad es ayuda y apoyo en el camino porque en negocios y persecuciones y trabajos, cuando no se puede tener tanta quietud y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía.

     Jesús es la referencia del carmelita, donde en Él descubre qué tanto ha despertado al amor. Viendo a Jesús  -su entrega al Padre, mercedes que realizó con amor por nosotros, hasta dar la vida por sus amigos-, nos muestra que en toda la vida se vive desde la gratuidad y que las cosas se realizan con un sentido pleno porque amor saca amor. Mirando la entrega de Jesús nos despierta a amar más y entregarnos del todo a Él.

     Desde nuestra experiencia de camino, viendo a Jesús hombre, es necesario, para Teresa de Jesús ejercitar la virtud de la humildad porque mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios. La humildad teresiana es andar en verdad. Reconocer mi realidad y la realidad de Dios, la humildad es el equilibrio de la vida, de nuestra consagración.

    Esta experiencia con la persona de Jesús, en el Carmelo nos abre un panorama distinto donde en nuestra consagración lo queremos expresar en actitudes como la cercanía, el servicio, la acogida, la gratuidad, la videncia, todo esto dado por la relación cercana con Jesús, porque le descubrimos en nuestra oración como el amigo verdadero, el Maestro y compañero.

 

ETAPAS DE FORMACIÓN

 

  • Pastoral vocacional

Es el inicio donde el joven, en búsqueda de Dios, se acerca a nuestras comunidades o al centro de pastoral vocacional e inicia el acompañamiento vocacional. Es un tiempo en donde el candidato experimenta nuestro estilo de vida teresiano por medio de diversas experiencias y encuentros para discernir el querer de Dios.

Tiene sus primeros contactos con nosotros a través del equipo PROVOCAR (Promoción Vocacional Carmelitas Reformados).  

El objetivo de PROVOCAR es dar a conocer a los jóvenes con inquietudes vocacionales nuestro carisma teresiano para que descubra los posibles signos de un verdadero llamado a nuestro estilo de vida.

 

Los signos de una vocación a la vida de los Frailes Carmelitas Contemplativos de la Divina Misericordia, se reflejan en:

 

  1. Capacidad de servicio y de entrega a Dios y a los demás.
  2. Transparencia y sinceridad: andar en verdad.
  3. Paciencia en el proceso de crecimiento: perseverancia y determinación.
  4. Desprendimiento: desasimiento de todo lo creado, capacidad de aprender a absolutizar a Dios y relativizar su relación a cosas materiales, familiares, etc…
  5. Disposición para dejarse hacer por Dios y darle su voluntad.
  6. Capacidad y equilibrio en crear relaciones interpersonales, indispensable para una vida de fraternidad y de relación en el servicio apostólico.
  7. Seriedad en el proceso de crecimiento vocacional: asumir la vocación como una responsabilidad y compromiso.
  8. Honestidad y rectitud de buscar a Dios.
  9. Generosidad en darse y entregarse: abnegación evangélica.
  10. Apertura al crecimiento que se desarrolla para toda la vida.
  11. Determinación de entregar la vida por la causa del Reino, centrada en Dios.

 

     El proceso de acompañamiento vocacional se lleva a cabo entre los meses de agosto a mayo. Durante este período de acompañamiento se realizan se realizan tres encuentros vocacionales :  “Amigos fuertes de Dios”,  ¨Vivir en Obsequio de Jesucristo¨ y ¨Peregrinos del Silencio¨,  donde se reúnen los candidatos para iniciar el proceso de conocimiento, integración y vivencia orante y fraterna en el conocimiento de nuestro estilo de vida.  

 

  1. Aspirantado

   Después del acompañamiento vocacional donde se abre las diversas posibilidades y elementos para el discernimiento vocacional, el candidato en diálogo con la comunidad y el Prior del Monasterio, decide dar el primer paso en su camino formativo en el Aspirantado.

     Inicia la formación con el  Aspirantado, donde el candidato deberá realizar un trabajo intenso, profundo y serio de discernimiento vocacional.

   Este primer momento consta de una doble dimensión: discernimiento vocacional como idoneidad para la vida religiosa y como capacidad de entrega para el estilo de vida teresiana, según el carisma y la espiritualidad.

    El Aspirantado es la primera etapa de formación donde se dan los elementos vocacionales necesarios para el inicio de una búsqueda de Dios. Se da prioridad al crecimiento personal por el conocimiento propio y a descubrir el llamado que sea recibido de parte de Dios construyendo la fraternidad en un ambiente comunitario.

    Esta etapa de formación se inicia en el mes de agosto y se concluye en el mes de diciembre. Tiene una duración de seis meses. Se realiza en el Monasterio Nuestra Señora de los Ángeles, Toledo, Ohio, USA.  Durante este tiempo el candidato permanece los fines de semana compartiendo con la comunidad monástica.

 

  1. Postulantado

     Aunque la vida religiosa se inicia propiamente con el Noviciado, una conveniente preparación para ella requiere una etapa previa que llamamos Postulantado. Durante este período el postulante tiene la posibilidad de conocer nuestra vida con sus valores y exigencias, y así saber a qué se comprometerá cuando decida entrar al noviciado.

     Se favorece el mutuo conocimiento entre la comunidad que recibe y el postulante que ingresa. Tiene una duración de seis meses a un año, dependiendo del candidato. Se realiza en el Monasterio Nuestra Señora de los Ángeles, Toledo, Ohio, USA.  Durante este tiempo el candidato permanece los fines de semana y participará de Retiros Espirituales con la comunidad monástica.  De ser necesario y prudente, otros arreglos podrán ser coordinados con el Prior.

 

  1. Noviciado

     El fin principal del Noviciado, con el cual el candidato comienza su vida en la Orden, es ofrecerle una verdadera experiencia de lo que significa ser consagrado en el de los Frailes Carmelitas Contemplativos de la Divina Misericordia.  Es la etapa en que se experimentan las exigencias y los valores de nuestra vida. Se profundiza en el seguimiento de Cristo. Se pone en claro la dimensión profética, contemplativa, apostólica y mariana del Carmelo bajo las enseñanzas de nuestros padres Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y de otras figuras carmelitas. Tiene una duración de dos años y se realiza en el Monasterio Nuestra Señora de los Ángeles, Toledo, Ohio, USA.  Al final del mismo, con el consejo y aprobación del Consejo Directivo de la Comunidad, el Prior recibe la Profesión Simple del novicio.                                                     

 4. Formación para la Profesión Solemne

 

     El religioso, después de la primera profesión, continúa su formación para vivir con mayor plenitud su vocación al estilo de los Frailes Carmelitas Contemplativos de la Divina Misericordia  y con el fin de cumplir mejor su misión. Esta es la última etapa de la formación inicial, dura alrededor de tres años.

    El objetivo primordial del período de los votos temporales es que el religiosos desarrolle, profundice y consolide los fundamentos de la vida religiosa y carmelitana propuestos durante el noviciado, que demuestre y perfeccione su idoneidad para nuestro estilo de vida, que reciba una iniciación apostólica y que alcance la madurez humana y espiritual requeridas para ser admitido a la profesión solemne.

     El segundo objetivo fundamental es dar al candidato una formación intelectual y práctica que lo prepare para su futura vida de servicio carmelitano y eclesial.

 

REQUISITOS

  • Edad:  (mínimo 18 años de edad)
  • Haber sido recibido en la Iglesia Católica Reformada
  • Bautizado y Confirmado
  • Presentar evidencia de todos sus estudios formales
  • Buena salud física y psíquica
  • Gusto por la oración y deseo de establecer una relación personal y de amistad con Dios
  • Capacidad para el desasimiento, el silencio y la soledad
  • Aptitud para vivir una vida de comunión fraterna
  • Sentido vivo de la Iglesia y de disponibilidad para trabajar a su servicio en ministerios dirigidos a los marginados