¿CÓMO DESCUBRIR EL PROPÓSITO QUE DIOS TIENE  CON MI VIDA?

                         

¿Cómo puedo descubrir el propósito con el que Dios me ha traído a este mundo?

            Arzobispo José Israel, DD., CCDM.

PRIOR GENERAL

FRAILES CARMELITAS CONTEMPLATIVOS DE LA DIVINA MISERICORDIA

ARZOBISPO PRESIDENTE PARA AMÉRICA LATINA

COMUNIÓN CORPUS CHRISTI

 

¿Cuál es el propósito que tiene la existencia de cada uno?

Con seguridad alguna vez nos hemos formulado estas preguntas a las que no encontramos una respuesta sencilla o inmediata. ¿Han pensado alguna vez que no saben hacia dónde vamos? o ¿sienten que van avanzando por la vida pero en realidad no saben qué sentido tiene lo que hacen?

La respuesta a estas interrogantes es fundamental.  Puesto que podríamos pasarnos toda la vida sin tener claridad de nuestros objetivos y al llegar al final de nuestro recorrido en este mundo, darnos cuenta de que hemos desaprovechado o malgastado nuestra existencia sin vivirla auténticamente, ni de acuerdo a lo que Dios ha pensado para nosotros.

A mi juicio, uno de los salmos que más significado ha dado a mi vida lo ha sido el Salmo 139. Este precioso Salmo es titulado en muchas de nuestras biblias como “la omnisciencia y la omnipresencia de Dios” ¿Qué significan estas palabras? El prefijo Omni-, viene del Latín y significa “Todo”. Omnipresencia quiere decir que Dios está presente en todos lados, y no sólo eso, sino que Él está completamente presente en todos lados. No es que una parte de Dios está en Puerto Rico y otra parte de Dios está en la Patagonia.  Dios está totalmente presente, en todos lados. Por otra parte, omnisciencia quiere decir que Dios lo sabe todo o que Dios tiene el conocimiento de todo. Él sabe todo lo que ocurrió, lo que está pasando y lo que ocurrirá.

Él sabe qué habría pasado si… Él conoce cada detalle de la creación, temperatura actual en Egipto, la cantidad de granos de arena en las playas de Australia, el calor de cada una de las estrellas, La cantidad de planetas que hay en el Universo, cada uno de nuestros pensamientos, etc.. Este salmo es una meditación sobre estos dos atributos divinos. El salmista piensa en estos atributos de Dios y los aplica a su vida.

Es bueno enfocar nuestros pensamientos en Dios. Esto nos hace entender quién es Él realmente y a partir de eso podemos realmente comprender quiénes somos nosotros. Te invito a que leas todo el salmo y luego leas las siguientes reflexiones.

 

La omnisciencia: El Dios que todo lo sabe (vv. 1-6)

Los primeros seis versículos son una meditación sobre La omnisciencia de Dios. El salmista reconoce este atributo de Dios y lo aplica directo a su vida. Notemos que no habla en términos generales acerca de esta realidad de Dios, sino que directamente habla de lo que significa en su vida que Dios conozca todo.

¿Qué significa escudriñar? Significa: “examinar algo con mucha atención, tratando de averiguar las interioridades o los detalles menos manifiestos”. Dios nos tiene escudriñados, porque Él conoce hasta  el más mínimo detalle de nuestras vidas. Dios conoce toda nuestra vida. A eso se refiere con que Dios conoce su senda y su camino.

Los vv. 2-4 son quizás la parte más aterradora del salmo: ¡Dios conoce todos nuestros pensamientos! Él incluso los conoce antes de que nosotros los tengamos, ¿Hay pensamientos de los cuales te sientes avergonzado?, ¿Hay malos pensamientos en tú mente?, ¿Hay algo que aún no hayas confesado a Dios?  Quiero decirte que no puedes ocultarle nada a Dios. Es en vano que intentes hacerlo, porque el simplemente lo sabe todo.

El salmista demuestra estar abrumado por este conocimiento en el v. 6. Por un lado esto nos da terror. No podemos siquiera soñar en decir o actuar en base a todo lo que se nos cruza por la cabeza. Por otro lado, esto nos tiene que dar convicción de pecado. Nos tiene que mostrar que somos realmente malos y que necesitamos la ayuda de Dios para ser salvados del pecado. Nuestra mente es una máquina de malos pensamientos y solo Dios puede sanar tal máquina.

Por otro lado, es reconfortante saber que podemos ser honestos y sinceros con Dios. Cuando los malos pensamientos llegan, en lugar de ocultarlos, presentémoslos a Dios, para que Él nos ayude a luchar contra ellos. Para que Él nos perdone y nos ayude a crecer. Es realmente liberador saber que no tenemos que ocultarle nada a Dios. Y es sumamente tonto intentar hacerlo. Por lo tanto, seamos honestos, reconozcamos nuestra maldad delante de Dios, con temor de su santidad, y pidamos que nos salve de ella y nos ayude a ser santos de mente y acto.

 

 La Omnipresencia: Dios está en todos lados (vv. 7-12)

En esta sección, el salmista medita sobre La Omnipresencia de Dios. ¿Por qué crees que el salmista habla de este atributo como si pareciera que quiere huir de Dios? 

La realidad es que cuando no éramos hijos de Dios, teníamos todas las razones para querer huir de Él. La santidad y la justicia de Dios, otros de sus atributos, constantemente nos recuerdan que hemos caído de la gloria de Dios y que somos culpables de una rebelión de escala cósmica.

Huimos de Dios por temor a su justicia y a su santa ira. Algunos huyen de Dios llenando sus agendas para no tener tiempo para pensar en Él. Otros huyen negando su existencia. Otros intoxican sus cuerpos con sustancias que les hagan olvidar sus culpas y pecados. Pero sea como sea, vemos, ninguno puede realmente huir de Dios. Un día tendremos que presentarnos ante el Altísimo y  rendir cuentas por nuestra vida. Es por eso que si queremos estar seguros en aquel día, hoy debemos confiar en que Cristo ha muerto por nuestros pecados y ha pagado nuestra deuda ante Dios.

El Señor en su amor y misericordia ofreció a su único Hijo para que seamos salvos (Juan 3:16Rom. 3:24-26). Podemos dejar de huir de Dios. Incluso cuando ya somos sus hijos, a veces parece que queremos huir de Él, pero no tenemos que hacerlo, porque Cristo nos da confianza para poder presentarnos delante del Padre y el Espíritu Santo da testimonio en nuestro ser de que esto es así.

Dios nos creó y por eso nos conoce tan bien (vv. 13-16). En esta sección vemos por qué es que Dios nos conoce tanto y no podemos huir de Él. En primer lugar, Dios nos creó. El salmista dice que ha sido creado de forma asombrosa y maravillosa v. 14.

Vemos en los vv. 15-16 que Dios no simplemente nos creó. Él nos diseñó y nos planificó. No somos producto de la casualidad. Incluso aquellos que nacieron sin haber sido planeados por sus padres, el Padre celestial si los había planeado. Cada uno de nosotros fue creado por Dios para cumplir con un propósito. Por más de que a veces la vida parece no tener sentido, sabemos que Dios nos creó y que tiene un plan para nuestras vidas. Él nos formó cuando estábamos en el vientre de nuestra madre. Él nos vió cuando estábamos ocultos de todos los demás. Él planificó toda nuestra vida. Desde donde y cuando naceríamos, quienes serían nuestros padres, donde viviríamos, cuantos días viviremos, etc.. Todo estaba escrito en el libro del Señor (v. 16). Todo esto Dios lo hizo antes de que todo existiera. Por eso podemos descansar en Él y liberarnos de toda la ansiedad del futuro. Estamos seguros en las manos de Dios.

  

¿Cómo se aplica el conocimiento de estos atributos en mi vida? (vv. 17-24)

En esta última sección vemos al salmista aplicar todo este abrumador conocimiento a su vida de manera práctica. Primero, vemos que dirige su atención a los pensamientos de Dios en lugar de los suyos. ¿Dónde podemos encontrar los pensamientos de Dios?? Todos los pensamientos que Dios ha decidido revelarnos se encuentran en la Biblia. Evidentemente no podemos ni comenzar a entender la totalidad de los pensamientos de Dios. Pero Dios nos ha comunicado a nosotros todo lo que debemos saber acerca de Él en su Palabra y por lo tanto tenemos que empezar a conocerlo por medio de ella.

La sección de los vv. 19-22 es difícil de entender, ¿Cómo es que el salmista pide que Dios haga morir al malvado?, ¿No nos manda Dios a amar a nuestros enemigos? .Es realmente difícil de entender estos pasajes. Lo que sabemos, por otros pasajes de la Biblia, es que Dios realmente está furioso con los pecadores (Rom. 1:18Sal. 5:5). También sabemos que Él planea castigar a aquellos que no se arrepientan. Por último, los impíos son aquellos que se encuentran en oposición a Dios y a su Iglesia.

Es correcto que nosotros deseemos que Dios quite a aquellas personas que obstaculizan la expansión de su reino. Nosotros no podemos actuar en base a esto. No podemos armarnos y hacer guerra contra los impíos. Pero si podemos pedirle a Dios que los quite del medio y que actúe en favor de su Iglesia. Sin embargo, debemos tener compasión de los que nos persiguen y se nos oponen y debemos también bendecirlos y pedirle a Dios que los salve. Lo cierto es que todo aquel que sea enemigo del Señor, es también enemigo de la Iglesia y por lo tanto enemigo nuestro. Pero como el Señor nos manda a amar a nuestros enemigos, no debemos actuar, sino dejar que el Señor se encargue de ellos, y bendecirlos para que Dios tenga compasión de ellos y los salve.

En los vv. 23 y 24 el salmista pide a Dios que busque y en nuestro corazón y nos pruebe. Él quiere con todo su corazón agradar a Dios. Pero sabe que su corazón es engañoso y malvado (Jeremías 17:9Marcos 7:21). Por lo tanto le pide a Dios que le muestre sus maldades y lo corrija. Le pide a Dios que lo examine. A diferencia del psicoanálisis, que trata indirectamente de llegar, desde afuera hacia adentro, a los problemas de la mente humana, el Señor y su Palabra penetran hasta lo más profundo y de allí sacan a la luz todos nuestros problemas y nos muestra cómo debemos hacer para ser salvo ¡Hoy pídele a Dios que busque en tu corazón y revele tus verdaderas motivaciones para que puedas ser transformado por Él!  

La experiencia que he vivido acompañando a personas enfermas que se acercan al final de su vida, me ha permitido darme cuenta de que al sentir que les queda poco tiempo, todos se re-plantean la idea de haber vivido plenamente, fieles a su identidad y misión. Cuando las personas descubren que les ha faltado vivir algo que realmente haya valido la pena, o sienten que no han dejado una buena huella en el mundo, con un significado de trascendencia, sienten temor, pierden fácilmente la paz y la serenidad. Sin embargo, la buena noticia es que siempre hay esperanza de volver al camino, de volver al hogar. Dios siempre nos da una oportunidad más, así nuestro tiempo restante en esta vida sea poco.

 

Escucha lo que Dios tiene para decirte

Hoy tenemos la oportunidad de hacernos nuevamente esta pregunta ¿Cuál es el sentido y el propósito de mi existencia? Es difícil encontrar una respuesta por nuestros propios medios y es justo aquí donde se hace indispensable la ayuda de Dios. Si Dios es quien nos ha creado y pensado desde la eternidad, ¿Quién podría tener una mejor respuesta? Hagámosle la pregunta, sin miedo y con confianza, en un ambiente de oración digámosle a Él: «Señor, ¿Qué quieres de mí?, ¿cómo puedo verme como tú me ves?, ¿cuál ha sido tu intención al crearme y al mantenerme hoy con vida?» Dios tiene muchas maneras de mostrarnos el camino, probablemente no nos responderá de inmediato, pero se encargará de hacerse escuchar, de darnos las señales indicadas para saber qué camino escoger.

Recuerda que lo esencial es invisible a los ojos

Nuestra cultura nos hace pensar que lo más valioso de una persona es lo que produce y no lo que es, su esencia. Somos tan ciegos a veces para ver lo valioso de nuestro interior y el de los demás, que creemos que lo fundamental es lo que se ve, lo que se aparenta, lo que es más visible. Nos centramos en los logros, los reconocimientos o los frutos que podríamos alcanzar y aunque también son relevantes, olvidamos que lo más importante es disfrutar el día a día, los momentos que Dios nos regala para descubrir nuestra verdadera vocación.

 La respuesta que debemos esperar tras la oración, ha de estar centrada en lo que Dios ha pensado que seamos, en lo que estamos invitados a convertirnos, centra tus esfuerzos en vivir de acuerdo a tu ser auténtico.  

 

Acepta con humildad el llamado que te hace Dios

Tenemos la capacidad de elegir, poseemos libertad, pero esto no quiere decir que vayamos por el mundo haciendo cosas sin sentido alguno, de manera irreflexiva, irresponsable o ignorando las consecuencias que estos actos podrían traer consigo. Hay una gracia especial que Dios puede otorgarnos y que puede ayudarnos en este camino de encontrarle sentido a la vida y es el don del discernimiento. La capacidad de sopesar las situaciones, las experiencias y percibir aquello que Dios nos invita a vivir.

Este don nos permite ser capaces de ver, de juzgar y actuar coherentemente. Si nuestras opciones no están orientadas de acuerdo a lo que Dios ha pensado para cada uno, podríamos llegar al final de nuestros días con la sensación de que quizá nuestra existencia no ha valido tanto la pena o de que pudimos haber hecho más. Saber escuchar y aceptar la voluntad de Dios con corazón humilde, es clave en este proceso.

¿De qué valdrían las súplicas y las oraciones si al final no estamos dispuestos a seguir el camino que Dios nos muestra?

El Salmo 139 tiene una profundidad realmente reveladora sobre el amor de Dios.  Es sumamente impactante cuando escuchamos la frase: Señor tú me conoces”. Tenemos que tener presente que el verbo “conocer” en ese entonces tenía un peso -de relación con la persona conocida- mucho mayor que el que tiene ahora para nosotros, tanto que podía ser utilizado incluso en un sentido físico, como por ejemplo cuando la Virgen ante la noticia de que sería madre, le pregunta al ángel Gabriel, “¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?”, (haciendo referencia a su virginidad).

Entonces decir “Señor tú me conoces” tiene toda una carga amorosa, una carga relacional, que no es simplemente un saber datos de la otra persona, como si Dios  desde lejos nos observara y supiera todo lo que hacemos, sino que significa que Él se compromete, porque El “nos ha tejido en el seno de nuestra madre” como dice el salmo, y sigue cuidándonos, velando por nosotros en cada pequeña acción que realizamos. Él entra hasta las profundidades más hondas de nuestro corazón. Su Amor se expande hasta hacerse carne, para poder llegar hasta los abismos más lejanos de nuestra soledad y dolor. Sí, por eso podemos exclamar con el salmista “¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?  Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el abismo me acuesto, allí te encuentras”. De esta manera podemos afirmar con  San Agustín: «Deus, intimior intimo meo! «¡Oh Dios, que eres más íntimo a mi ser que yo mismo!»»

Te invito a reflexionar desde este instante qué aspectos de tu vida podrías cambiar para estar mejor, para cumplir tus metas espirituales y llevar a cabo la misión a la que estás llamado. Utiliza el Salmo 139 como tu instrumento de oración para abrir tu corazón enteramente a Aquél que te conoce desde el momento de tu gestación física y espiritual.

SALMO 139:  Omnipresencia y Omnisciencia del Señor

Salmo de David

 

1 h Señor, Tú me has escudriñado y conocido.

2 Tú conoces mi sentarme y mi levantarme;

Desde lejos comprendes mis pensamientos.

3 Tú escudriñas mi senda y mi descanso,

Y conoces bien todos mis caminos.

4 Aun antes de que haya palabra en mi boca,

Oh Señor, Tú ya la sabes toda.

5 or detrás y por delante me has cercado,

Y Tu mano pusiste sobre mí.

6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;

Es muy elevado, no lo puedo alcanzar.

7¿Adónde me iré de Tu Espíritu,

O adónde huiré de Tu presencia?

8 Si subo a los cielos, allí estás Tú;

Si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás.

9 Si tomo las alas del alba,

Y si habito en lo más remoto del mar,

10 Aun allí me guiará Tu mano,

Y me tomará Tu diestra.

11 Si digo: «Ciertamente las tinieblas me envolverán,

Y la luz a mi alrededor será noche»;

12 Ni aun las tinieblas son oscuras para Ti,

Y la noche brilla como el día.

Las tinieblas y la luz son iguales para Ti.

13 Porque Tú formaste mis entrañas;

Me hiciste en el seno de mi madre.

14 Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho;

Maravillosas son Tus obras,

Y mi alma lo sabe muy bien.

15  No estaba oculto de Ti mi cuerpo,

Cuando en secreto fui formado,

Y entretejido en las profundidades de la tierra.

16  Tus ojos vieron mi embrión,

Y en Tu libro se escribieron todos

Los días que me fueron dados,

Cuando no existía ni uno solo de ellos.

17  ¡ uán preciosos también son para mí, oh Dios, Tus pensamientos!

¡Cuán inmensa es la suma de ellos!

18  Si los contara, serían más que la arena;

Al despertar aún estoy contigo.

19¡  Oh Dios, si Tú hicieras morir al impío!

Por tanto, apártense de mí, hombres sanguinarios.

20  Porque hablan contra Ti perversamente,

Y Tus enemigos toman Tu nombre en vano.

21  ¿No odio a los que te aborrecen, Señor?

¿Y no me repugnan los que se levantan contra Ti?

22  Los aborrezco con el más profundo odio;

Se han convertido en mis enemigos.

23  Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón;

Pruébame y conoce mis inquietudes.

24   ve si hay en mí camino malo,

Y guíame en el camino eterno.

AMÉN.